Compañeros de rebaño, queridos a veces, rivales otras. Debo confesar una sospecha que no me deja pastar en paz. Creo que nos hemos quedado sin pastor. Esos señores que vienen a veces no guían, no cuidan, ni protegen. Les chupamos un huevo, no se si me entienden. No me hagan caso si quieren, solo soy otra cabra. Y además me estoy guiando por gestos sutiles, pequeñas señales. Ni al dueño del rebaño, ni al gerente general del rebaño y me temo que ni al Dios del rebaño. Creo que les damos igual. Si así fuera deberíamos reunirnos tras los largos pastizales y hablar del tema …no?
Cada vez que veo o escucho al pastor, o alguno de sus representantes me pongo a temblar. ¿Adónde nos lleva?, ¿Qué quiere sacarnos además de leche?, ¿no estará pensando en nuestra carne?, ¿por qué insiste en que comamos basura?
¿Y si formamos nuestro propio rebaño? Dicen que no se puede ya se, que esto es lo mejor a lo que una cabra puede aspirar…pero ya no creo en el pastor, ni en su bastón, ni en sus silbidos. A veces preferirían que me asaran de una vez y dejara de fingir.
