Pasaron un par de años, creo… da igual.
Es verano.
El Cañoto sigue se cauce.
El coche de mi vecino está más roto que antes. Se compró o robó un par de coches más. También se han roto.
Llevé a mi hijo, se ve la punta de un bate con el que se le dio por jugar todo ese año, está señalando la bahía.
“Yo soy de aquí”, le expliqué. Me parece importante darle puntos de referencias para ayudarle a buscar los suyos.
Siempre me podrá encontrar si sabe de donde vengo.
El Cerro tiene un faro. Tres veces pasa la luz, y luego una pausa. Es un buen ritmo para hacer el amor.
Mirando el faro es difícil perderse.
Esa noche dormimos en mi habitación, pequeña, en el fondo de una casa hecha a mano por un albañil emigrado de La Coruña.
Se durmió en mi cama.
Lo miro y busco la ventana. Apenas se ve la calle. Pongo un disco. The Cure.
The Lovecats.
Toto… (sonrío al escuchar África)
Lady, lady, lady…Espósito se llama el gil…quien será?
Hotel California.
Me acuesto en el huequito a su lado. Se desparramó por toda la cama...
como hacía yo.
Miro la humedad de mi techo.
El tiempo no existe. Da igual.
Ahí estamos, mezclando el pasado, el presente y el futuro.
Al otro día de mañana me dice:
¿Cuándo volvemos a casa?..hace una pausa…a la de Sevilla…
lo sabe
tenemos más de una casa…
Vuelvo y sigo allí
Me traje algunas revistas de Superman
mi colección
con solo ver la tapa puedo repetir la trama
cuadro a cuadro
no tengo ni idea de cuando las leí
da igual
el tiempo no existe
Viene olor desde el río
busco fotografías
una mirada de mujer
una sonrisa de un viejo
manos negras
Un día bajé del Cerro, era un estudiante
cuando volví era doctor
otro día bajé con un manuscrito bajo el brazo
regresé con un libro
salí siendo hijo
volví siendo padre…
también salí siendo niño
eso no cambió
da igual
el tiempo no existe


