miércoles 31 de octubre de 2007

El cielo en los ojos


Dibujo- JESÚS ÁNGEL MARTÍN


Solo una vez hablé del espacio con un africano.
Él sobrevivió milagrosamente a un naufragio cuando intentaban llegar a Europa. Dice que, a punto de ahogarse, vio una luz (dijo luz no estrella) y escuchó que una voz le decía como salvarse.
Jura que, ahora lo sabe, hay personas que vinieron de otros sitios. Inmigrantes en la Tierra.
Afirma mi amigo que esas personas tienen el cielo en los ojos, así se les reconoce.
Uno que estaba con nosotros preguntó: "¿el cielo en los ojos significa que los tienen azules?".
Mi amigo africano sonrió: "El cielo no es azul".
"Pero es mejor guiarse por su voz", comentó.

Tienen una voz familiar, uno los reconoce con solo escucharlos, y son especialmente oportunos si estás a punto de ahogarte.

lunes 29 de octubre de 2007

Los ojos en el cielo


Dibujo – JESÚS ÁNGEL MARTÍN


“Todo lo que sé de Astronomía se lo debo a los dentistas”
Eduardo Galeano


Mi telescopio tiene dos defectos maravillosos.
Todavía no puedo sacar fotos, debo recordar todo lo que veo.
No le funciona el localizador, debo recorrer todo el cielo, con calma.
Voy estrella por estrella. Solo me frena la luna mengüante, las sombras son perfectas, marcan cada cráter. Le pongo a cada uno el nombre de alguien, para recordarlos, como no son de nadie no tengo porque llamarlos de forma que no me sean familiares.
No está Marte. Lástima, todavía vengo la esperanza que ellos existan, y ojala sean verdes, sería genial tener un vecino verde.
Saturno debe estar por aquí, la noche pasada pude contar algunos anillos, es muy lindo el adorno que le hicieron a ese planeta.
Júpiter está, mi estimado sol frustrado, veo su mancha roja, me imagino cayendo ahí. No se si a alguien se le ocurrió pero es un buen lugar para instalar el infierno.
Vuelvo a la luna y espero.
En el telescopio se nota claramente la rotación de la Tierra. Nos movemos, navegamos juntos. Somos compañeros de un crucero por el espacio. Con una ruta un tanto monótona, debo decir.
En un mar tranquilo, por ahora.
Esta noche hay lluvia de meteoritos. Cada treinta y cinco minutos caen piedras de fuego. No se me ocurren tantos deseos. Quizás repita los mismos…
No está la Cruz del Sur. Pero si el Orion. El cielo es apenas distinto, no importa donde estemos, es algo que tenemos en común. Apenas distinto.
Hay un faro, tarda diez segundos en dar la vuelta., la luz molesta bastante para mirar las estrellas.
Encuentro una nebulosa. Me encantan las nubes en el espacio.
Amanecerá y se sucederán los fenómenos. Las nebulosas saldrán de mi interior, ese efecto siempre me llamó la atención. Recuerdo volver de madrugada soltando mi aliento en forma de humo, un vapor que viene de muy adentro, que habla de nuestro calor interior, que nos asegura estar vivos. El cielo se pone de un color increíble. Azul, rojo, púrpura, magenta. Todo comienza a despertar y sale el sol. A lo lejos veo alguien fumando, creo que es un pintor, sospecho que me pinta a mí.
Curioso: me pinta mientras yo lo escribo.
Es hora de guardar mi telescopio, si enfocara el sol, la falta de filtros harían que un rayo de fuego quemara todo a su paso. Pero ahora puedo mirarlo cara a cara.
Ahora y cuando se oculta, son los únicos momentos del día en que podemos vernos. Como dos desconocidos que se observan sabiendo que quizás podrían ser amigos. Quizás.
Ahora me voy a buscar un poco de oscuridad, donde trataré de recordar alguna estrella, donde dibujaré algunos de mis cráteres amigos, donde las nebulosas me ayuden a descansar, mientras continuamos navegando por este mar tranquilo, por ahora.

domingo 28 de octubre de 2007

A las tres volverán a ser las dos


Son las tres menos cinco AM.
Alguien ha decidido cambiar los relojes.
Viviré este momento dos veces.
Todo lo que sueñe, desee, o escriba podrá ser inmediatamente revisado, alterado.
En esta hora que nadie recordará podemos planear cosas que quizás nunca ocurran. Los mismos deseos que son nuestro gobierno cuando niños.
Mi hijo había formado un grupo de superhéroes para salvar el mundo, luego dijeron que para salvarlo debían cambiarlo, no supe más del grupo, supongo que están en eso.
Existen muchas lagunas en nuestras vidas. A veces las generan quienes manipulan el tiempo, pero la mayoría de las veces somos nosotros. Eso no es malo, al contrario, la capacidad de estar quieto y esperar es parte de nuestra vida, no es malo esperar. A veces pasa como hoy que se vuelve atrás, se ganó una hora.
Espero que los superhéroes le encuentren la vuelta a su misión y logren cambiar el mundo.
Porque ahora, a un minuto del final tan esperado, tenemos una oportunidad fantástica de hacerlo de nuevo, de intentarlo de otra forma…


Son las dos, volveré a escribir esto, o quizás no…

miércoles 24 de octubre de 2007

Biografía de un cantante


Una vida encierra muchas vidas. Incluso algunas que no llegaron a ser reales. La mía como cantante es un buen ejemplo. Comenzó de forma espontánea. Me llamaron a probarme en un grupo de carnaval, supuestamente como actor. Me eligieron cuando me probaron como cantante.
Confieso que la voz gruesa te da un repertorio reducido, Zitarrosa, Julio Sosa, Miguel Bosé. Pero en esos años me dieron incluso solos, logré ampliar mi repertorio a Soda Stereo y otros grupos de rock. Fue entonces cuando descubrí que con buen oído, era cuestión de entrenamiento y sentimiento. Quizás no hiciera falta un torrente en la garganta. Para iluminar más esa sensación estando en Lima en un congreso alguien dijo: ¿Quien sube a cantar? Alguien me empujó y terminé haciendo “Lobo- hombre en Paris”, con éxito de crítica y público.
Otra vez en la Barraca fuimos a ver al Cuarteto de Nos, dijeron ¿quien sube a cantar? alguien me empujó y canté “Al cielo no”, con éxito de crítica y público.
Incluso una vez fuimos a ver un recital de los músicos de Joaquín Sabina, dijeron ¿Quién sube a cantar?
Alguien me empujó
Interpreté “Princesa”, con éxito de crítica y público. Aún recuerdo a Panchito Barona diciéndome…”Muy muy bien”
Más allá de las anécdotas, solo una vez pudo haber visto la luz mi trunca vida de cantante:
En un concierto de unos amigos que tenían un grupo tecno iban a hacer un tema inspirado en un cuento mío. El cantante no llegaba y para hacer tiempo me dijeron si les hacía de vocalista en el primer tema.
Sabía la letra porque era de mis favoritos. Me lo sabía tono a tono, lo hice casi igual al original.
La gente se juntó alrededor y se que aplaudieron.
Canté “Enjoy the silence” de Depeche Mode, debo confesar que bien y sin que nadie me empujara a hacerlo. Los del grupo me ofrecieron ser su vocalista.
Pero me fui luego de haber rozado con los dedos una vida que no tendré, añorando recuerdos que no salí a buscar, escuchando aplausos que no merezco.

sábado 20 de octubre de 2007

Los sueños de los otros



Cuando fotografié al niño imaginé sus sueños.
El fútbol, el cayuco que puede llevarte a Europa… y todo en la Isla de los Esclavos.
Alguien me dijo una vez que existe un poder que consiste en viajar por tu propia sombra.
No lo se. Pero si existe uno que se trata de sentir el sueño de otra persona.
Es muy hermoso ver soñar. La mirada perdida, o mejor dicho encontrada, en el futuro. Las manos quietas. El cuerpo suave. El silencio propio. El mundo girando alrededor.
Dijo Saramago una vez que estaba con los ojos cerrados en público: “No estoy dormido, estoy durmiendo. Y no es lo mismo. Así como no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo”.
Nos cuesta aceptar el silencio. Si dos personas van juntas parece obligado hablar, nos cuesta entender que podemos estar interrumpiendo un hermoso sueño.
Busquemos a los que sueñan.
Están entre nosotros.
A veces van en autobús o se hacen los dormidos en un tren.
Han sido descubiertos totalmente idos en la cola de un supermercado.
Algunos aprovechan la oscuridad de un cine.
En ocasiones están jugando un partido de fútbol, o esperan en un semáforo.
Es raro pero se les puede ver caminando de la mano con alguien. Otros trabajan en forma vertiginosa y en un momento, casi imperceptible paran, hacen una pausa y sonríen.

Kádiz



Los alumnos de primer año de la Facultad de odontología de Sevilla tienen su primera clase, el curso de “Introducción a la Odontología” es todo un logro que junto con mis compañeros está consolidado de tal forma que tiene un texto propio. Me imagino que les resultará curioso que el primer profesor que les de una clase sea extranjero.
Terminé la clase, les había gustado y una pareja de hermanos (un chico y una chica) vinieron a hablarme, estaban alucinados, sus padres habían emigrado de Uruguay hace siete años, les parecía increíble que su primer docente fuera compatriota. “Estaban condenados a ser mis alumnos”, les dije, si todos nos hubiésemos quedado allá nos hubiéramos conocido en la “tacita del plata”.
Recordaba la casualidad mientras iba a Cádiz.
¿Podría darse de nuevo en el mismo día una situación similar?
Fui a ver un paciente. Me dice que era la segunda vez en su vida que iba al dentista.
La vez anterior había sido en Montevideo.
Hace siete años.
El hombre era marino mercante, su barco llegó al puerto de Montevideo y fue a la consulta dental del sindicato de la pesca, no se pudo atender, era viernes y el dentista no iba los viernes.
El dentista era yo.
Hace siete años trabajaba en el SUNTMA, en la clínica dental, los lunes, miércoles y jueves, era el dentista que lo hubiese atendido. Dos ciudades, siete años, millones de personas, cientos de puertos, miles de dentistas, treinta y dos dientes. Y ahí estábamos, mi paciente y yo, juntos por fin, riéndonos de las vueltas curiosas que tiene el mundo.
Caminaba por la rambla de la “Tacita de plata” (las dos ciudades tienen el mismo apodo) y recordé que el otro día mientras no podía sacarme a Uruguay de la mente, estaba en plena Utrera y de la nada comenzó a sonar una chirigota de Cádiz llamada Araka la Kana, sus canciones hablaban de Montevideo, de su carnaval, de la murga Araca la Cana, del Río de la Plata.
Miro por la ventana del hotel y ya no recuerdo donde estoy, como llegué aquí, y por que hay tantas sombras que me rodean. No se si somos parte de un plan, o si alguien juega a los dados con el Universo.
Demasiadas casualidades.
Si es Dios el que apuesta por el azar, les aseguro que cuando juega, hace trampa.

domingo 14 de octubre de 2007

Cable a Tierra



En Andalucía hay un desierto.
En el se filmaron muchos de los llamados “espaguetti western”. Películas del oeste hechas por italianos en España.
La arena roja se parece a la africana, que dicen es así porque está teñida de sangre derramada. Los pies de los africanos han caminado el sufrimiento desde que fueron arrancados de su tierra y forzados a vivir en otros sitios. Los descendientes africanos en Uruguay dieron, por ejemplo un patrimonio cultural que todos los orientales reclamamos como propio: el candombe.
Este bucle, simple, que acaricia Europa, África y América, este camino sinuoso, que tiene que ver con el cine, la literatura y la música, este rulo histórico y geográfico puede haber enriquecido el mundo o haberlo vaciado aún más.
Durante años he escrito cuentos, novelas, artículos de opinión, obras de teatro, canciones, guiones para radio, televisión, guiones de carnaval, de todo, por eso hoy, cuando estoy parado en medio de un desierto, cuando solo escucho mi respiración, y puedo adivinar que va a llover en cuanto salga de aquí, trato de buscar algún camino, un rulo del destino que suponga que todo tiene un sentido. Voy a escribir algo distinto.
Antes, luego de cada palabra escrita la pregunta siguiente era si alguna vez alguien me prestaría sus ojos.
El mundo cambió lo suficiente como para hacernos sentir cerca. Me parece verte leyendo.
Nunca la soledad fue tan bien acompañada.
Muchas cosas han cambiado, siento el camino hacer una de sus curvas. Algo se acerca.
Una vez me dijeron que los terrícolas eran extraños, divertidos pero extraños. Lograron hacer dudar de sus buenos sentimientos, lo ocultaron con egoísmo, lo llenaron todo de soledad y de tristeza.
Debo seguir.
Escribo algo en un papel y lo entierro en el desierto.
Lanzo la botella al mar.
Tiro las palabras a la red.
Siembro lo escrito, un pequeño cable para combatir la soledad. Voy hacia la lluvia.
Una vez, escribiendo encontré un oasis. Las palabras producen pensamientos y estos pueden cambiar el mundo, quizás sea buena idea. Sembrar oasis, escribir nuestros deseos y enterrarlos en diferentes puntos del planeta.
Nos va a venir bien
... un cable a Tierra.

viernes 12 de octubre de 2007

La música del azar


Estaba encerrado. No había otra forma de llegar. Los trenes no coincidían, los autobuses no llegaban, los aviones me dejaban aún más lejos. Debía ir en coche. Muchas horas. “Si conduce, no lea”, era un obvio eslogan. Iba a tardar horas y no podía estar parando a cada rato.
Iba a estar encerrado, solo, en pleno día. Nunca me gustó conducir, ni cuando manejé una ambulancia en otra vida, ni cuando me compré un escarabajo del 69 para llegar al Cerro en un rato en lugar de la hora y media que tardaba el 76.
Prefería ir leyendo, pero en aquellos momentos tuve un plan que decidí aplicar.
Junté varios discos sin mirar cuales, muchos, intercalados y sin ver las tapas. Los puse todos en el asiento del acompañante.
Mucha gente no cree en el azar, ni en las casualidades (recordé la novela de Paul Auster, “La música del azar”).
Iba a aprovechar el viaje de trabajo para hacer un experimento vital. Sin trampas, sin miraditas de reojo.
Dicen que todos tenemos una banda de sonido en nuestras vidas, canciones que por lo que sea, sonaron en momentos claves y que se asocian para siempre, recuerdos, hechos, notas que desencadenan sensaciones pasadas, y proyectan futuras.
El juego consistía en ir pasando los kilómetros, recordando y, sin mirar, poner un disco, hacer saltar una canción.
La idea me resultó excitante supongo que por eso el primer disco que “elegí” fue el de Artic Monkeys, hace mucho que el rock necesitaba ser tocado así, con magia, frescura, atrevimiento, hacía suponer un viaje nuevo, mostraba que aún había cosas por descubrir, era justamente eso, excitante.
Pensé que iba a costar centrarme, si no ordenaba los pensamientos iba a ser muy difícil llevar adelante aquel extraño experimento, cantó David Bowie, “Ziggy Stardust”, supongo que significaba lo raro, dejarse llevar por un personaje, buscar algo nuevo. Si para algo sirve el tiempo es para dar algún relativo orden, por eso intenté buscar recuerdos de cuando era niño. Duran Duran, cantó “Hungry like de wolf”, era cierto, en esa época estaba ansioso por crecer. Pensar en el ansia me trajo a Madonna, “Erotic”. Solito me metí en un pozo lleno de deseo del que es difícil salir, el que antes se llamaba Prince cantó “Cream”. Algunas veces es la antesala al amor pensé, y quizás por eso escuché a Emmanuel cantar “Luces de bohemia para Elisa”, “Bella señora”, “Toda la vida” y “Solo”, en ese orden.
Tuve una imagen, de esas que pasan a veces, me encontré a mi mismo, solo en una ruta perdida, nadie iba ni venía, mi coche surcaba el silencio exterior, un hombre solo en apariencia, bastaba entrar y en el asiento del conductor seguían retumbando los recuerdos y las canciones. La soledad y mi adolescencia son sinónimos. En los años del liceo estudié sin parar, tenía claro el camino, y sabía que era largo, por eso daba tiempo a que sonaran U2, The Cure, Depeche Mode, Simple Minds, REM, Simply Red,Talking Heads, INXS, Guns ´n Roses. Fue un camino largo y solitario. Durante horas hablé más con Michel Jackson que con cualquier amigo. Los abuelos de la nada, Patricio Rey, Sumo. Nirvana y el amor llegaron juntos y comencé a publicar cosas con Caetano Beloso, Gabriel o Pensador, Miguel Bosé.
Comenzó a llover. A lo lejos se dibujó un arco iris. Imaginé que la ruta fuera la espalda de una mujer, con sus curvas, en “Esta historia”, la novela de Baricco se cuenta como un hombre soñó con la pista de coches perfecta inspirado en una espalda. Sonreí de solo pensarlo, escribiría con los dedos una historia diferente sobre la piel adecuada. Las nubes se abrieron un poco y el sol logró colarse, The Verve tocó “Bitter swett shymphony”. Me sentí cansado y tuve que parar. Una estación perdida en un pueblo en medio de una península europea, y yo ahí, escuchando The Police, Paco de Lucía. Por un momento me sentí perdido, a pesar de Héroes del Silencio o Fito y Fitipaldis. Tenía que seguir, pensé en las diferencias del mundo mientras Drexler susurraba el tema de Titas “Disneylandia”(en una de la vueltas de Uruguay vinimos juntos en un avión), luego vino el argelino Kalheb…recordé que cuando uno anda mucho por el mundo peligra olvidar de donde vino y fue solo pensar eso un instante cuando comenzó a cantar Zitarrosa, Fernando Cabrera, y el Darno me estrujó el corazón. Las nubes me recordaban a mi país, el color plateado logra eso, hacerme soñar con el Río de la Plata, por eso cantaron mis amigos, Maxi y su Exilio Psíquico, Tabaré Cardozo y las murgas. Una vez Tabaré y yo estuvimos nominados a los premios Florencio Sánchez, él hizo las canciones de “Fantasmas bajo mi cama”, una obra de teatro que escribí hace mucho, en otra vida. Volví a mi infancia, Malpaso cantó “El Tony Park ha vuelto al pueblo”. Crecí admirando y siguiendo cada paso del Cuarteto de Nos, luego los conocí, las vueltas de la vida fui a su sala de ensayos, los llevé a tocar a la Facultad de Odontología, canté con ellos en La Barraca (a la salida Albin tuvo que empujar mi fusca del 69 porque la batería nunca funcionaba), la última vez los vi en Madrid, con Lito, un amigo de Uruguay que “casualmente” fue con el primero que fui a verlos en Montevideo hace 20 años.
Una curva enorme me hizo volver al presente, estaba por llegar, quedaban discos aún. Tu espalda llegaba a su fin. Soñaba con tus piernas a lo lejos.
Astor Piazzola me convenció: podía enredarme en ellas.
La música me acompañó, me hizo viajar, me recordó.
Puedo saber quien soy, aunque grite Marylyn Manson o truenen los Red Hot Chili Peppers.
Ya casi no había sol, estaba en el presente, escuchando Coldplay y Franz Ferdinand.
Una ruta es como una melodía, sirve para confundir al tiempo, hacernos viajar y saber hasta que punto tenemos ganas de regresar.

sábado 6 de octubre de 2007

Insomnio


Aún duermo poco. Nunca más de cinco horas y a veces cuatro, tres, dos, una, o un rato… Cuando estoy en grupo veo como al llegar la noche caen rendidos uno a uno, y ahí me quedo mirando por una ventana. No importa si estoy en Europa, América o África, más allá del huso horario, termino lamentando no haber traído un libro. Entonces recuerdo aquella noche en que por primera vez preferí quedarme despierto y terminar de leer. “Mi planta de naranja lima”, de José Mauro de Vascocellos. Luego busqué “Vamos a calentar el sol”, “Rosinha, mi canoa”, ese brasilero fue el primero que me convenció de esa nueva forma de soñar. Leí “El quijote”, “El principito”…y no pude parar. Apareció Stephen King, leí “El resplandor”, “Carrie”, “Ojos de fuego”, “Christine” y a veces tengo recaídas, “Un saco de huesos”, “Los tommyknockers”, “Eso”, y por suerte apareció “Mientras escribo”, donde en una noche, con toda una ciudad dormida le escuché el mejor consejo que me han dado como escritor. Una clave, la llave, un salvavidas. “Leer mucho y escribir mucho”, así de simple.
Tuve una época de leer best sellers, y descubrí con ellos, “Psicosis”, "El exorcista”, “Legión”, “El hombre menguante”, “Soy leyenda”. Ya en el liceo me pedían leer clásicos, y sugerían fragmentos, yo leí todo, todo. Horacio Quiroga, Lorca…la literatura del liceo me enseñó el contexto y su influencia en las obras… Preocupaba a mi familia, paseaba de noche por mi casa con un libro de Julio Verne, Stoker, o cualquier otro.
Mi hermana mayor me mostró una colección de Ray Bradbury, y caí en sus garras, “Crónicas marcianas”, “El hombre ilustrado”, “Faranheit 451”, y todo lo demás.
Y terminó la dictadura cuando cayeron en mis manos, Galeano, Benedetti, Onetti.
Y pasaron más noches mientras yo pasaba las hojas de García Márquez, hasta Isabel Allende durmió conmigo. Vargas Llosa, Borges, Bryce Echenique, Monterroso. No pude parar, estoy a punto de dormir y pienso en Philip Dick, Bret Easton Ellis, Voneegut. O me levanto en la mitad de la noche a leer a mi compatriota Mario Delgado Aparaín. Eso sin contar las historietas de Alan Moore, “V de vendetta”, “Watchmen”, que a veces me llaman. Últimamente mis amigos Paul Auster , Alessandro Baricco o Saramago me convencen que vale la pena pasar una página más antes de cerrar los ojos…y cuando ya es hora, yo mismo digo "tengo que escribir".
A veces la sombra de Kafka, o de Edgar Allan Poe me susurran, si cambio horas de sueño por palabras estoy más cerca de ellos. Todavía hoy cuando parece que por fin voy a cerrar los ojos, conozco a Italo Calvino o algún otro escritor...
Miro por la ventanilla del avión, pasan las nubes y recuerdo las frases de John Kennedy Toole, Cortazar, Kenzaburo Oé, Kazuo Ishiguro, Richard Bach.
Adivino el paisaje africano desde la ventana del vehículo, también recuerdo los escritos de Woody Allen, Alejandro Dolina.
Recuerdo cada historia, sean de Asimov, Orwell, o de Truman Capote, Kim Monzó o Laura Restrepo, Salinger, o mi querido cerrense Felisberto Hernández.
Pasan los kilómetros y los días, y ellos le dan sentido.
El tren corta la vía y salen palabras de cada rincón.
"Leer mucho y escribir mucho".
De eso estoy hecho, de historias propias y ajenas.
Me despierto antes de tiempo muerto del deseo, quiero que me lleves a tu cama, quiero que mis palabras duerman contigo.
Mi sueño es cambiar tu sueño.
No necesito dormir, necesito hacerte soñar.