Con ellos homenajeó desde a Juana de Ibarbourou, hasta a Carlos Gardel, reivindicó que el periódico El Iris, fue el primero de la república y fue editado en el Cerro, dejó testimonio que el C. A. Cerro era el más grande (no decía eso exactamente, pero yo aprovecho para agregarlo por si hay algún desubicado que no lo tenga presente), reconoció a los nunca homenajeados como Besozzo, un peluquero que cortaba el pelo gratis a los niños que iban vestidos de escolares. Sus obras están donde deben estar las obras de arte, en las calles. Caminó durante años juntando firmas para lograr que el barrio fuera nombrado ciudad, con su intendencia propia, su independencia, su autonomía.
