miércoles 30 de enero de 2008

Más acá

Poco después de venir a España se desató una crisis económica. El corralito, el dólar disparado, una crisis.
Y dijo Saramago en el 2000:
“…en cuanto la burguesía solucione la crisis se volverán a olvidar de los pobres…”
Siempre me costó explicar el sitio donde vivo, cual es mi hogar. Samuel Etto´o, el camerunés que juega en el Barcelona encontró las palabras que yo buscaba: “Yo vivo en Europa pero duermo en África”.
Siempre que regreso me preguntan:” ¿Cómo viste a Uruguay?”. Y yo veo siempre lo mismo.
Me siento como un jugador de basket al que le obligan a jugar al fútbol y le dicen:
”¿Y?, ¿te gusta el partido?, ¿Cómo juega tu equipo?”.
Creo que, a este juego (llamémosle): “Capitalismoneoliberalball”, es probable que Uruguay este jugando mejor. Por otra parte era absurdo que además lo estuviéramos jugando mal, pero en fin.
El mundo juega a este deporte injusto, nefasto, falso, tramposo.
En el sitio donde yo trabajo hay grandes equipos, tremendo campeonato. Todos tenemos que jugar. Yo incluso, meto goles, corro por la punta, me sacan amarillas, levanto centros…juego a lo que juegan todos. Si la toco con la mano me cobran falta, no hay canastas a la vista, hay césped…
Miro el banco de suplentes, me acerco al juez y a la mínima oportunidad le digo. “Odio este deporte”…

domingo 27 de enero de 2008

Más allá


Una vez gané un concurso de televisión. Iba todo bien porque una de mis principales…digamos…”características mentales”…parecía apagada. El tipo preguntaba y en mitad de su frase yo sabía la respuesta y contestaba antes que se prendiera la luz.
No hubiera querido ir, me daba un montón de vergüenza pero la necesidad tiene cara de hereje.
Eso era aquel día, un hereje que había jurado no abusar de algo que ese día parecía desatado. Pero claro, apareció la música. A cada rato ponían música, entonces mientras el tipo preguntaba, yo me ponía a ponerle letra a la música. Igual me llevé todos los premios. Bueno..todos no. El pozo final, el dinero, el que de verdad me veía bien, no lo gané. Me encajaron unos auriculares y un rock atronador y tenía que adivinar la frase, la sabía, desde antes que mostraran el panel, pero me puse a pensar en otra cosa y apareció la anteriormente mencionada “característica mental”, se encendió justo en ese instante. Lo razono, lo pienso, lo sé, es el momento, pero algo lo distrae. Reacciono luego, minutos, horas, incluso días después. Quiero decirlo pero ya pasó. Me enojo por una ofensa, a la semana de haber sido insultado. Me sonrojo por elogios del día anterior. Tengo la respuesta a preguntas pasadas. Digo “yo también” a gente que ya no me escucha…En fin, suelo tener reacciones tardías.
Cuento esto, no por lo del concurso que espero nadie recuerde, sino por un suceso que si debe saberse. Tiene que ver con mi primer trabajo, tenía 17 años. Era técnico en informática, de la época del Basic y el Cobol, de la era de la TK90. De las primeras bases de datos. De los primeros archivos en aquellos disquetes enormes.
Me contrataron para guardar datos. Era digitar, nada del otro mundo. Solo llevaba tiempo y el hombre daba un poco de dinero. Para libros y cine, un lujo.
El tipo se hizo muy amigo mío, porque su trabajo era una antigua afición. Un tema común en mis lecturas pasadas. Era una especie de "parapsicólogo". Pero no de los adivinos sino de los que trataban de verle el lado científico. Eran un grupo, había españoles, chilenos y uruguayos. Como los “cazafantasmas”, pero sin Bill Murray.
Varias veces me pidió que los acompañara. Fui a casas embrujadas, a ver OVNIS, a analizar brujos, a participar en sesiones de hipnosis, y un largo etcétera.
A veces dudaba del motivo porque me invitaba, solo sostenía algún instrumento, no creía en nada, y era el más asustadizo de todos, era el primero en encender la luz, en reírse cuando el médium hacía contacto, en decir “creo que deberíamos irnos”, en susurrar “yo no veo nada”…un desastre para el mundo de la magia.
Una vez se lo pregunté. “¿Para qué los acompaño?, creo que registran menos fenómenos desde que yo vengo”.
“Por eso mismo, necesitamos tus ojos. ¿Podrás creer algún día, que hay algo más allá…?”- dijo.
Esto fue hace más de 20 años.
Todavía nos escribimos. La semana pasada le dije:
“Si…”

viernes 25 de enero de 2008

Entre Corto Maltés y Dylan Dog



“No hay nada que yo no haya sido”

Estoy atrapado entre dos personajes de historieta.
Un marino, un detective.
El último tiene el nombre de Dylan Thomas, el poeta, su creador Tiziano Slavi lo inspiró físicamente en el actor Rupert Everet, se viste siempre igual (como forma de luto), es abstemio, odia el dinero, y pelea contra brujas, demonios, hombre lobos y vampiros.
Hugo Pratt dibujó a su marino, hijo de una gitana sevillana y un inglés, sin línea de la fortuna en la mano. Por eso él tomó una navaja y se hizo una que no deja que nadie mire. Italia, África, Hong Kong, Buenos Aires, Rusia, todo el Pacífico. Fue pirata, cazatesoros, soldado, un anarquista que cree en la libertad y la igualdad, un irónico escéptico que vive topándose con la magia.
Tanto Groucho el amigo de Dylan, como Rasputín, el de Corto dan algo de humor a una vida compleja. Son sus alter egos, sus otros yo…
Dylan Dog muchas veces nota que hay más maldad en los hombres que en los monstruos, Corto Maltés no deja de recorrer (India, Antillas, Brasil, España), conociendo personas que saben más de él que él mismo.
Me compré un comic de Dylan Dog en su país de origen, en el aeropuerto de Italia, quería leer y lo tomé al azar, me sonaba de algún lado. Quizás porque el último actor que hizo de Superman va a ser quien lo lleve al cine.
En Sevilla entré a la “Taberna de Corto Maltés” (cerca de mi casa). Un hombre con cara extraña, quizás diabólica, me dijo que mi cara le sonaba, lo decía mirando fijamente un dibujo enorme con la cara del aventurero.
Notó con miedo la cicatriz en la palma de mi mano, que estaba tomando agua y que estaba atrapado…se fue asustado, supongo que lo abrumaron las casualidades que últimamente observo con humor.
Estoy atrapado entre dos personajes de historieta.
Un detective, un marino.
Tengo, con mis dos nuevos amigos, muchas cosas en común.
La libertad, el tormento y no dejar de buscar algo que quizás ya encontramos…

martes 22 de enero de 2008

Escenas que pocos recuerdan y que a mi me hicieron llorar en el cine


En Roma hay olor a cine. Muchas veces escapo a una sala, irónicamente para sentirme en casa. Claro que disfruto del arte, pero a veces veo películas que no se si son buenas o malas, pero tienen momentos que me quedan grabados, recuerdo varios ejemplos:


-En “La novia de mi mejor amigo”, cuando Julia Roberts y Rupert Everett están con la familia, ella lo presenta como el novio y en el restaurante para explicar como se conocieron él se pone a cantar con todos. Eso, que un montón de desconocidos canten juntos me emociona cada vez que lo veo.
-En “Impacto profundo”, cuando viene la ola gigante que Téa Leoni susurra “Papi…” antes del tsunami, como que su viejo, con el que decidió morir, pudiera defenderla, me estruja el corazón.
-En “Frankestein”, que Robert De Niro haciendo de monstruo grite, “Yo solo quería una compañera”.
-En “Superman returns”, cuando vuela, se detiene lejos mirando a la Tierra supuestamente en silencio y le dice a Lois “Yo lo escucho todo”, me emociona un montón como un tipo es conciente de todos los problemas del planeta y tiene que elegir uno para resolver.
-En “Soy leyenda”, cuando Will Smith cuenta que Bob Marley luego de un atentado salió a cantar diciendo” Los que quieren que el mundo sea un mal lugar no descansan”.
-En “El hombre de la máscara de hierro”, los tres mosqueteros y Leonardo Di Caprio están acorralados y deciden salir a pelear con sus espadas contra los soldados y sus fusiles, el capitán susurra “¡Que valor extraordinario!”. Que un enemigo reconozca la valentía del contrario en plena batalla me llena los ojos de lágrimas.
-En “Nazareno Cruz y el lobo”, el diablo le pide al protagonista que interceda por él frente a Dios para que lo perdone de una vez. Conmueve, no digan que no…
- En “Buscando a Nemo”, cuando Dorys dice “Cuando no sepas a donde ir…sigue nadando, sigue nadando, nadando, nadando…”. Además, me parece un consejo genial.

sábado 19 de enero de 2008

El partido



Los africanos me estaban esperando. Su única preocupación era que llegara a tiempo para el partido.
-Jugamos contra los ecuatorianos el domingo- dijo Abdalai, que se tomaba aquello muy en serio. Y todo esto venía porque el pobre se había caído de una escalera recogiendo naranjas y tenía un esguince.
Muchas veces me pasa eso: hay un salto en el tiempo y me veo metido en una situación de la que apenas recuerdo como hice para llegar. Allí estaba, de número nueve, el único blanco jugando contra un grupo de americanos de piel cobriza y un metro cincuenta de estatura media.
Mi equipo africano tenía ventaja por altura, pero muy poca técnica. El primer gol de ellos era el terrible presagio de lo que podría pasar.
Frederic nuestro portero era la primera vez que jugaba al fútbol, Abdalai nuestra estrella estaba lesionada y los demás jugaban con toda la alegría del fútbol callejero pero sin picardía alguna, casi disfrutaban de ver como ellos se la pasaban y pateaban al arco.
Logré patear el balón fuera de la cancha y luego logré patear a su delantero, en resumen llegamos uno a cero al descanso.
Quizás era porque ellos eran muchos pero al parecer toda la colonia de ecuatorianos se volcaba a ver los partidos de fútbol los fines de semana. Dicen que el PBI de Ecuador es menor que el dinero que esta gente ingresa al país. Tienen hasta un programa de televisión, eso significa sin duda que son muchos. Pusieron música de su tierra. En minutos todo se transformó en una ciudad andina, sirvieron comidas típicas y los africanos y yo quedamos ahí, en el medio de la cordillera de los Andes. De algún lado aparecieron cinco apaches con quenas, bombos, y otros instrumentos. Se sacaron los plumajes y se pusieron a conversar con los demás.
-El marketing de los indios – comenté.
Era muy gracioso verlos vestidos de indios norteamericanos. En Uruguay era muy común ver músicos andinos ambulantes, tienen muy profesionalizado el tema.
Comenzó el segundo tiempo y “los pieles rojas” animaban a su equipo. Pero el exceso de fiesta hizo que pudiéramos controlar más la situación. Sus delanteros habían mezclado cerveza con pisco y las comidas típicas eran picantes o lo suficientemente pesadas como para que pudiéramos empatar y luego ganar el partido. Lo festejamos con timidez, aunque ellos estaban más pendientes de seguir la reunión que de comentar la derrota. Supongo que cuando terminara el domingo se acabaría la ilusión de estar en Ecuador. Y todos volverían a la dureza del trabajo de campo, la construcción, o del servicio doméstico.
En Montevideo, la semana pasada fotografié una señal de tráfico única en el mundo. "Niños jugando al fútbol", advierte.


pd: Esto es un adelanto de "Cruzar la muralla", una novela sobre inmigración que se editará en Madrid ...próximamente...

El día del encuentro


Fuimos al Parque Vaz Ferreira. Un bosque que baja desde el Cerro hasta la playa.
Mi hijo se trepa a todos los árboles, con la rebeldía de “El barón rampante” de Ítalo Calvino, el libro sobre el hombre que pasa toda su vida en los árboles como protesta contra el mundo. Desde abajo un niño le preguntó su nombre. Ya conté una vez que eso, en España es sinónimo de explicar toda una historia, aquí sin embargo el diálogo fue otro:
-Lautaro…
-¡Que lindo nombre!- contestó el niño.
Mi hijo me miró con una sonrisa y cara de sorpresa.
-Te lo dije...- murmuré, sabiendo que eso nunca se debe decir…
Él ya sabe que va a ser músico, y quizás actor. Recordé que a los 10 años estaba en la escuela y le dije al maestro Freddy: “Voy a ser escritor”.
A los pocos días aparecí con mi primer cuento “La hija del esquimal”. Entonces el maestro paró la clase y dijo que tenía que dar un premio, me regaló un trompo de madera que todavía conservo. Y recuerdo que dijo: “Premiamos al compañero no por su cuento, sino por decir que iba a hacer algo, y hacerlo”.
Estimados coleccionistas de casualidades, aún no llegamos al punto que quiero anotar en ese libro que estamos escribiendo juntos:
Horas después llegué a una radio para hablar de “El murguista muerto”, la novela que acaba de editar Abrelabios. Para mi sorpresa, Castillo el conductor de “Utopía”, me pidió que saliera al aire en ese mismo momento. Al terminar la entrevista vinieron a decirme que tenía una llamada telefónica. Era Freddy, viajando en el tiempo para decirme que siempre escuchaba ese programa y recibió la sorpresa de sentir mi voz, y reconocer a aquel alumno que le trajo su primer manuscrito.
Pocas horas después llegué a Sevilla con las palabras de mi maestro:
-Me gustó que dijeras que el mundo es cercano, ancho, posible.

martes 15 de enero de 2008

El Murguista Muerto


Esta es la historia de Eugenio Martínez, un joven montevideano cuya vida es el Carnaval del Uruguay.

Muchas de las historias que encierra esta historia son reales, muchas deberían serlo, otras fueron ciertas luego de ser escritas. Debe tomarse este libro como un pequeño homenaje a la murga y su significado, a la vida y sus diferentes formas de cantarla, a las debilidades y sus solitarios caminos para vencerlas o para ser derrotados por ellas.


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Ni la sangre que caía sobre mis ojos me impedía ver al murguista. El camión que nos llevaba había volcado de forma espectacular y en ese instante, a punto de morir, comencé a recordar.

Eso es: buscar una serie de sucesos que parecen fruto del azar pero que, visto en serie, son una cadena de historias indivisibles, y que llevan a una pequeña vida, de un pequeño hombre en un pequeño país, a ver la muerte reflejada en una cara pintada para disfrutar del carnaval más largo del mundo.

Los trajes revueltos brillaban en silencio, no podía oír nada. No sentía dolor y perdí la noción del tiempo. El murguista tenía los ojos cerrados. La cara totalmente blanca, surcada por líneas de colores brillantes, formaban una mueca simpática y pacífica. Era un payaso dormido antes de la función. La luna reflejó un destello en la mejilla. Mirando los colores de su rostro entendí la lógica de aquel final. Los dos tumbados entre trajes de carnaval, caídos, en pleno febrero, rumbo a una actuación. Un escenario estaría en silencio, cuatrocientas personas esperando nuestra llegada aún pasada la medianoche, tomando una cerveza, jugando al bingo, y en la puerta un grupo de niños esperando a la murga para pedirle a sus personajes que le rozaran la cara con su mejilla pintada, y así lograr una divertida marca de brillos y colores.

Habían pasado veinte años desde que el murguista muerto era de mi edad y yo uno de esos niños.

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ASÍ COMIENZA MI NUEVA NOVELA…

TIENE COMO MARCO EL CARNAVAL DEL URUGUAY.

ESA FIESTA ES UN PROTAGONISTA MÁS EN ESTA HISTORIA.

EL CARNAVAL FUE HOMENAJEADO DE MIL FORMAS, POESÍA, FOTOGRAFÍA, ENSAYOS, PINTURA, TEATRO, CINE, ESCULTURAS, Y MUCHOS DE SUS CONJUNTOS LE DEDICARON SUS ESPECTÁCULOS A MOMO. ESTE AÑO LE DEDICO UNA NOVELA QUE ESPERO SEA DISFRUTADA POR TODO EL MUNDO EN TODO EL MUNDO.