Una vez gané un concurso de televisión. Iba todo bien porque una de mis principales…digamos…”características mentales”…parecía apagada. El tipo preguntaba y en mitad de su frase yo sabía la respuesta y contestaba antes que se prendiera la luz.
No hubiera querido ir, me daba un montón de vergüenza pero la necesidad tiene cara de hereje.
Eso era aquel día, un hereje que había jurado no abusar de algo que ese día parecía desatado. Pero claro, apareció la música. A cada rato ponían música, entonces mientras el tipo preguntaba, yo me ponía a ponerle letra a la música. Igual me llevé todos los premios. Bueno..todos no. El pozo final, el dinero, el que de verdad me veía bien, no lo gané. Me encajaron unos auriculares y un rock atronador y tenía que adivinar la frase, la sabía, desde antes que mostraran el panel, pero me puse a pensar en otra cosa y apareció la anteriormente mencionada “característica mental”, se encendió justo en ese instante. Lo razono, lo pienso, lo sé, es el momento, pero algo lo distrae. Reacciono luego, minutos, horas, incluso días después. Quiero decirlo pero ya pasó. Me enojo por una ofensa, a la semana de haber sido insultado. Me sonrojo por elogios del día anterior. Tengo la respuesta a preguntas pasadas. Digo “yo también” a gente que ya no me escucha…En fin, suelo tener reacciones tardías.
Cuento esto, no por lo del concurso que espero nadie recuerde, sino por un suceso que si debe saberse. Tiene que ver con mi primer trabajo, tenía 17 años. Era técnico en informática, de la época del Basic y el Cobol, de la era de la TK90. De las primeras bases de datos. De los primeros archivos en aquellos disquetes enormes.
Me contrataron para guardar datos. Era digitar, nada del otro mundo. Solo llevaba tiempo y el hombre daba un poco de dinero. Para libros y cine, un lujo.
El tipo se hizo muy amigo mío, porque su trabajo era una antigua afición. Un tema común en mis lecturas pasadas. Era una especie de "parapsicólogo". Pero no de los adivinos sino de los que trataban de verle el lado científico. Eran un grupo, había españoles, chilenos y uruguayos. Como los “cazafantasmas”, pero sin Bill Murray.
Varias veces me pidió que los acompañara. Fui a casas embrujadas, a ver OVNIS, a analizar brujos, a participar en sesiones de hipnosis, y un largo etcétera.
A veces dudaba del motivo porque me invitaba, solo sostenía algún instrumento, no creía en nada, y era el más asustadizo de todos, era el primero en encender la luz, en reírse cuando el médium hacía contacto, en decir “creo que deberíamos irnos”, en susurrar “yo no veo nada”…un desastre para el mundo de la magia.
Una vez se lo pregunté. “¿Para qué los acompaño?, creo que registran menos fenómenos desde que yo vengo”.
“Por eso mismo, necesitamos tus ojos. ¿Podrás creer algún día, que hay algo más allá…?”- dijo.
Esto fue hace más de 20 años.
Todavía nos escribimos. La semana pasada le dije:
“Si…”