sábado 29 de marzo de 2008

A las dos, serán las tres


El tiempo saltará.
Otra vez y más allá de nuestra voluntad cuando el reloj marque las dos, desaparecerá una hora. Si el destino existiera y era ese un momento clave de nuestra vida: ¿Qué sucederá entonces?
¿Qué consecuencias traerá esta humana decisión sobre una vida?
Dice el “efecto mariposa”, que el aleteo de una de ellas podría generar un torbellino en el futuro. Si nos esperaba un mínimo hecho en esos sesenta minutos que nunca serán, ¿qué vientos jamás nos despeinarán?...
¿Adónde irá a parar ese tiempo sin uso?
Si por el contrario el destino no está escrito, la idea de destruir esa hora puede ser vista con alivio. En el mundo millones de niños mueren de hambre, cada hora caen miles.
Miles de soldados matan civiles, no pasa una hora sin que alguna bala ponga fin a una vida inocente.
Quienes esperen algo, o a alguien, el reloj le acaba de restar una interminable hora de ese tiempo desesperado.
Quienes estén soñando no sabrán en que tiempo transcurría su sueño.
La Tierra girará sin que a nadie le importe, nadie medirá su giro. Será un paso en falso, como un bailarín que deja de escuchar la música.
Desearemos haber tomado las decisiones erróneas del pasado durante esa hora borrada.
Tendremos la secreta esperanza que esa hora que no estará, nos será devuelta al final, con intereses quizás. Cuando termine nuestro tiempo vendrá alguien diciendo:
-A propósito, le teníamos reservada esta hora para que la use antes de partir, haga o diga lo que más desee, le queda una hora todavía, una hora larga e intensa…

Barcelona o muerte




"Hay un abismo entre aquellos que pueden dormir y aquellos que no pueden. Es una de las grandes divisiones de la raza humana”. Iris Murdoch

De vuelta en Sevilla pasaron en la tele un programa sobre Gaudí, por lo visto el arquitecto veía el espacio de una forma diferente, de allí sus formas.
Esa cruz que se ve en lo alto de una torre del Park Güell no es una cruz cristiana, es como una veleta que señala todos los puntos cardinales, y todas las dimensiones, incluidas las que no vemos. Dicen que los sombreros de los gnomos también señalan hacia allí, (para arriba y para adentro), ahí queda ese lugar que está pero no vemos.
Prefiero que no estemos clasificados. Que no haya división posible. Pero si existen diferentes castas es mejor que sean espirituales, o mentales. Las clases materiales son más crueles e inamovibles. Hacen que algunos jóvenes de Senegal escriban “Barcelona o muerte”, en las paredes de su ciudad. Las divisiones sociales fomentan el miedo, el odio, y es el alimento de los egoístas.
Las divisiones mentales, en caso de existir, permiten un tránsito mayor, pueden alimentarse mutuamente, apoyarse, complementarse, buscarse, todas son necesarias. Elogian las diferencias, unen a las personas.
Es bueno ser distintos.
Quienes recuerdan el pasado necesitan a los que planifican el futuro, los que disfrutan el momento reciben mejor perspectiva del mismo gracias a los nostálgicos.
Los racionales necesitan (necesitamos, lo confieso), gente que crea en los milagros.
En Barcelona solo pensaba en Dakar, en los que preferían la muerte a la miseria y la desesperanza. Quizás eso me hizo tener una pesadilla, lo cual, por un lado, es una buena noticia, porque significa que pude dormir lo suficiente. En ella, una decisión de las mías, (de esas muy racionales y calculadas), se convertía en condena. Cuando me fui de Uruguay por primera vez ,decidí no despedirme más de nadie. A partir de entonces, como irse es inevitable, lo que hacía era decir "hasta luego" antes de desaparecer, aunque fuera de forma momentánea. Poco a poco logré acostumbrar a mi gente a ello. “No más adioses”, les dije.
En mi pesadilla me despedía de todo lo que amaba, era un constante adiós.
Me desperté aliviado y dispuesto a renunciar a mi decisión, volvería a decir “adiós” cuando me iba con la misma alegría con que digo “hola” al llegar.
Renunciaba así a estar clasificado, podía dormir, soñar y despedirme. Aunque fuera solo por un día.
Caminando por una feria junto al Mediterráneo encontré un libro, o quizás él me encontró a mi: “Los adioses” de Onetti.
Dicen que partir es morir un poco, “pequeñas muertes”, le dicen. También le llaman así al final de un abrazo.
Volví a Sevilla, volveré a Dakar, y luego a Montevideo, deseando decir “hola”, sin miedo a decir “chau”…Sin miedo a morir un poco en una despedida, o a nacer en un reencuentro.

viernes 28 de marzo de 2008

Contagio


Comenzó a escribir un cuento a los 6 años. Pensé que era lógico, era la actividad que más me veía realizar, junto con leer.
Es lógico, pensé.
Luego escuché a mi padre, según mi versión hasta ese día, albañil de toda la vida, decir: "mi sueño es publicar un libro".
Tengo un sobrino que escribe, una de mis hermanas ganó un concurso de cuentos.
Es hereditario, susurré con rabia.
Lo hereditario siempre me dio bronca por el mérito relativo, por no haber podido elegir, por la excusa única de que todas las enfermedades vienen en los genes, y que, permítanme esbozar una sonrisa, en cuanto manipulemos los genes toda va a ser distinto.
Luego sospeché que escribir era contagioso. Hace 15 años, un amigo me ayudó a escribir el final de un cuento, no sabía que hacer con el protagonista de “Creador de Espíritus”, y él me dio la clave sin darse cuenta. Cuando le mostré el cuento terminado y le agradecí, noté los primeros síntomas. Al otro día me llamó y me dijo: “decidí que voy a escribir mi biografía”. Fue la primera vez que la vida me brindó la oportunidad de callarme la bocaza, pero dije: “que bueno, che, arriba, pero escuchame la gente que escribe sus vidas o es muy conocida o busca aventuras, no se… algo además de tener una vida normal...Pero puede ser buena idea…yo que vos leería muchas biografías y así vería de que va...”
Jamás leyó ni escribió nada: yo, como un imbécil, si se lo había contagiado, lo curé contando la parte dura de la enfermedad, le di una dosis fuerte al primer síntoma. Además podría haber sido genial la biografía de un empleado de la oficina más monótona del mundo, estuvo haciendo las mismas tres tareas durante catorce años, podía haber sido genial.
Una amiga me dijo un día: “escribí algo a los catorce años y luego nunca más”, y al tiempo comenzó a mandarme sus cuentos nuevos, que yo difundí por ahí.
Más tarde publiqué un artículo en una revista y alguien mandó uno igual, con el mismo estilo y formato, pero con una historia personal. Y otra vez en esa misma revista un artículo de crítica fue criticado usando la mismo argumento y los mismos personajes pero con los diálogos cambiados.
En otro sitio publiqué un cuento que parecía una anécdota real y al poco los que editaban me contaron que tuvieron que abrir un lugar llamado curiosamente “bitácora” (diez años antes de los blogs), porque recibían muchísimas historias de los lectores.
Otro me escribió: “Uno lee y lo ve tan fácil”... me dijo el mayor elogio, y comenzó a publicar.
Contagio.
Una peste buena pero peste al fin.
Se entra en Internet y hay miles, miles. La gente escribe, se cuenta cosas, inventa, sin saber a ciencia cierta si hay alguien leyendo. Escribimos a veces para nosotros, para nadie, solo para alguien que sabemos lo leerá. A veces pedimos auxilio, o le pedimos que por favor escriba algo, que también necesitamos leer.
Hay blogs de cómo escribir blogs, hay gente que pone “hoy fui al mercado, vine, me duché…”, nos cuenta su vida. Otros se crean vidas.
Contagio.
Algunos escriben por escribir, sin importar si tienen o no algo que contar.
Entonces pensé, como las ratas en la peste bubónica, esta es nuestra cloaca:
Contagiemos sin parar, que todo el mundo escriba.

domingo 23 de marzo de 2008

Tratado sobre Magia. Vol. 3.



Los personajes de ficción como Harry Potter, tienen un efecto ambiguo sobre la Magia. Pueden servir para que la gente crea, o no.
Lo mismo pasa con los David Cooperfield, los Tu Sam, los David Blaine, etc.
A esta altura sabrán que las proezas físicas y/o tecnológicas, son otra cosa, muy diferente de la Magia. Lo mismo que el dicho: “la mano es más rápida que la vista”, virtud innecesaria en estos casos.
Para terminar este breve tratado, explicaremos un par de trucos sin truco.
Tomen un libro al azar. Un libro, no me agarren el Manual de Cocina Vegetariana, es necesaria la literatura. Comiencen a hacer preguntas sobre ustedes y su futuro, abran páginas al azar y lean frases sueltas…Tachán!...ahí está…aplaudan che!
La interpretación corre por cuenta de ustedes, yo no sé lo que preguntaron pero esa es la respuesta.
El segundo y último acto de Magia es a largo plazo así que me pueden ir aplaudiendo desde ahora, no lo hagan si no están preparados.
Frescos y lúcidos deben estar.
Se trata de cambiar de dimensión. Para que luego digan que uno es avaro con los trucos y enseña cosas a medias.
Entonces:
Deben comenzar por dimensiones cercanas, no se vayan lejos porque luego se arma y a mi no me vengan con cosas raras. Hay que ir a un espejo, poner luz de vela, se acercan mucho, miren su pupila, cuando se dilata pueden cruzar, van a ir al lugar con el cambio que elijan. Piensen por ejemplo, “voy a ir a una dimensión donde me enamoro”, esa idea fija, al espejo, y Tachán!
También pueden ir a dimensiones donde ustedes mismos tienen otras características, ser zurdos si son derechos, lanzados si son tímidos, ricos si son pobres o buena gente si son idiotas (dudo que puedan hacer esto si son idiotas pero con intentarlo no perdemos nada). Con el mismo método se puede volver pero son tantas infinitas dimensiones que rara vez le embocamos a la misma, así que cuidado. Esto afecta a nosotros y no a los demás, vale para nuestros cambios, no sirve decir: “quiero que mi novio sea más romántico”, no nena no, para eso cambia de novio.
En fin, dicho esto espero que practiquen y encuentren la felicidad, como dijo un profesor mío, suele estar más cerca de donde la buscamos.

Tratado sobre Magia. Vol. 2.


Dice un clásico que el tercer tiempo es clave en la vida de un mago, se llama “el prestigio”: el artista recibe el aplauso del público sorprendido cuando se ejecutó el increíble suceso. José Armando Calorto era especialista en ello, hacía un simple truco de cartas y luego estaba el resto del tiempo recibiendo aplausos, mostrando la carta, sus mangas limpias y el pañuelo donde no habría podido esconderla. Al final de la función pocos espectadores recordaban el acto en si, pero salían comentando la insistencia de Calorto para que revisaran cada rincón de su cuerpo y accesorios. Lo que nunca nadie entendió era que su desesperación tenía un fundamento oculto. José Armando no tenía la más mínima idea de cuál era el truco. Si había uno, no lo conocía. Solo seguía los pasos y tachán!, la carta aparecía sobre el mazo, dada vuelta, como burlándose. Con ese complejo de culpa recibía “el prestigio”, con esa necesidad imperiosa de que algún mago verdadero le soplase el secreto.
Punto aparte merecen los magos de fiestas de cumpleaños. Son unos señores que hacen trucos infames para ganarse el pan, luchan con la inocente crueldad de los niños, se escudan en la mirada objetiva de los padres, en realidad nadie paga un mago para descubrirle los trucos, y los niños, si son normales, creen en lo que ven, es un mito decir que son un público difícil, sin embargo estos señores hacen magia, sin saberlo. La magia necesita ser predicada. Sobrevive gracias a la fe de unos pocos creyentes. Si algún día todos estuviéramos convencidos de que el mundo es lo que vemos, un montón de átomos ordenados y una suma de leyes físicas y químicas, la magia perdería sentido de ser, y no sería.
Por eso, el contacto que los niños tienen con ese mundo, aunque sea a través del entretenimiento, incluso repetir las palabras varita y abracadabra, hace que cada tanto se siembre en un ellos, y rara vez en un adulto, la duda: ¿Será posible hacer magia?, ¿aparecer y desaparecer cosas?, ¿existirá lo inexplicado?
“El prestigio” también es útil para eso: aumenta la posibilidad de aparición de un acto mágico la confianza depositada en el mago.
Por eso, por favor, crean en la Magia. El mundo ya es bastante aburrido, normal y materialista como para privarnos de unos pocos polvos mágicos.

sábado 22 de marzo de 2008

Tratado sobre Magia. Vol. 1.



Hay dos tipos de magia. La de los trucos y las ilusiones y la otra. Hablaremos de la otra. En términos estrictos, esta es la única magia. La otra son solo trucos e ilusiones.
La magia es impredecible. No es algo que se pueda hacer a propósito.
En 1820 John Williams sacó un conejo de su sombrero. Comprendan lo que digo. No tenía nada escondido, ni un doble fondo, ni una mascota amaestrada; dijo nada por aquí, nada por allá (en ese caso era estrictamente cierto) y apareció un conejo. Pasó desapercibido para todos (ya que supusieron el truco), menos para él que se pasó la vida encerrado preguntándole al conejo si era un enviado de Dios.
Existieron otros magos reales, por el 1900 Ana Barishkova serruchó en dos a su marido. Murió desangrado el pobre. Lo de la magia no viene por eso, ya en la cárcel podía transformar el agua en vodka. Las autoridades decidieron soltarla y puso una cadena de bares en Moscú. Nadie recuerda mucho de todo eso, estaban demasiado borrachos.
Varias personas intentan toda su vida hacer algo realmente mágico y pocos lo logran.
En una época la ciencia y el arte estaban mezclados y formaban la magia. Cuando fueron separados sufrieron mucho. Ambos, pero quizás más la ciencia, se llenó de cretinos. En al arte aún quedan vestigios de aquel entonces y cada tanto aparecen momentos mágicos; de la mano de los artistas podemos escuchar música inaudita, leer frases transformadoras, o ver imágenes increíbles.
Para hacer magia, entonces, hay que intentarlo mil veces
y esperar
a ver que pasa.

miércoles 19 de marzo de 2008

La cosa del Pantanoso


Ante los resultados los científicos se miraron temblorosos. La incertidumbre hacía sombras sobre la esperanza. Todo el arroyo, de principio a fin, había sido estudiado. Bordeaba al Cerro y desembocaba en la bahía. Era sinuoso y sepulcralmente calmo. Su color verde oscuro por momentos daba tonos casi hermosos, como perversas esmeraldas dispuestas a cautivar incautos.
En todo el arroyo no había una gota de oxígeno. Ese líquido no era agua, y la pregunta nacía: "entonces, ¿qué es?..."
Los científicos lo miraban desde el puente, el olor hediondo parecía ahogarlos. Cada tanto una burbuja, como un latido, estallaba en la superficie.
Algo que viajaba de planeta en planeta esperaba su momento.
La noche no tenía luna y aquella apasionada pareja venía en su bote bordeando la tranquila bahía, enroscados en el piso, ignoraban que navegaban por el arroyo Pantanoso por última vez.
El único movimiento que el bote tenía era generado, primero por los besos y las caricias y luego por las rítmicas embestidas de ambos cuerpos. Luego del mayor placer, se quedaron extasiados mirando las estrellas. En un fatídico impulso él se levantó y comenzó a orinar hacia el "agua".Nadie podía haber previsto que ese fuera el detonante. Una prolongación del líquido viscoso comenzó a elevarse a espaldas del muchacho. Una especie de tentáculo se enroscó en su cuello. La chica comenzó a gritar y otra prolongación la envolvió como una boa. Ya sin aire ambos fueron arrastrados a las profundidades del ser. La poca vitalidad que incluyeron los cuerpos en su interior le dieron energía suficiente como para reptar hacia afuera del lecho que ocupó tantos años.
Poco tardó la Villa en despertarse por los gritos de terror. La serpiente líquida avanzaba muy lentamente por la Avenida Carlos María Ramírez. Los pocos transeúntes, algún trabajador nocturno y hasta un asaltante con su víctima eran arrancados del paisaje e incluidos en la cosa indescriptible que seguía rumbo al punto más alto del barrio en forma inexorable. Algunos vecinos pretendieron armar una rápida defensa...Del otro lado del puente ni la policía ni los bomberos se atrevían a cruzar hacia donde estaba la masa verde brillando cada vez más.
Una hora después el estado de alarma se había generalizado y toda la ciudad hablaba del monstruo que estaba acabando con la vida de aquel barrio.
La primera línea de defensa fue realizada por los soldados rasos del cuartel de La Paloma, con antorchas y gomeras intentaron hacer retroceder a la cosa que serpenteaba por las calles. Pero esta seguía avanzando.
En la capital, el gobierno manejaba la posibilidad de hacer volar el puente para aislar la invasión de zonas más céntricas, y hasta se escuchó alguna voz pidiendo el bombardeo generalizado del barrio. No era la primera vez que ante la fatalidad se apuntalaba al Cerro como generador de discordias.
La gente comenzó a aglomerarse y correr por las subidas, al parecer rumbo a la fortaleza.
Un extraño gruñido emergía del interior del monstruo, se había empachado con tanto milico, vecino y obrero indefenso. Si está desgracia hubiera ocurrido en Nueva York, algún héroe solitario encontraría justo a tiempo la mágica solución a la fatalidad. Pero en todo ese rato apenas se logró encontrar un puñado de integrantes de la comisión de fomento, que no daban con la estrategia para vencerla.
El cura párroco observaba desde lo alto del campanario ,pensó en rezar ....La gelatinosa víbora seguía su camino ,luego de arrastrarse por la calle Grecia, dobló por China ,luego Portugal ,Suecia y finalmente Cuba ,derecho a la fortaleza.
La gente quedó acorralada, las puertas del faro estaban selladas.
Durante años se vieron objetos voladores en el barrio. Jamás nadie se había preocupado del origen o las intenciones de los mismos. Esa noche cuando muchos estaban cercados por la fatalidad, el más grande de dichos OVNIS apareció en el cielo. Vino del mar .Era plateado y contrario a lo que se suponía tenía pocas luces.
Al principio el zumbido se superpuso a los gritos que sonaban por todas partes, pero cuando se hizo más intenso las futuras víctimas miraron hacia arriba.
De haber existido alguien lo suficientemente sensible al miedo ajeno, hubiera notado una pequeña vibración de pánico en el monstruoso líquido.
En el interior de la nave un grupo de jóvenes extraterrestres se reprochaba lo poco segura que resultaba la Tierra para su mascota. Con un rayo la teletransportaron al interior de una enorme pecera que existía en la nave y marcharon sin rumbo fijo en busca de otro planeta donde no existieran habitantes que interrumpieran el sueño de su regalona amiga con una inoportuna meada.

lunes 17 de marzo de 2008

Discurso inaugural


Excelentísimo, Ilustrísimo y Magnífico Rector de la Universidad Don Pedro Martínez Ojeda, Excelentísimo e Ilustrísimo Presidente del Colegio Don Pedro Gómez Escalnada, Ilustrísimo Señor Decano Don Pedro Gutiérrez Marín, Señor Don Pedro Portero de esta Institución, Señores y Señoras del público, radioescuchas, televidentes, gente, botijas, vos pedazo de huevo que no estás atento:

Doy las gracias por la oportunidad para dirigirme a ustedes aunque seguro se trata de un error. Me pidieron que diera un breve discurso inaugural y no me dijeron que era lo que estábamos inaugurando, supongo algo grande a juzgar por el bulto que hay acá tapado. Tampoco creo yo ser el indicado para este acto, entre otras cosas porque yo trabajo acá enfrente y nunca había entrado aquí, calculo un error en el correo que llevó a este servidor a estar parado en este atril ante este país al que pertenezco desde el día en que me concibieron y no me bautizaron porque mi viejo era flor de macumbero. Pero me enseñaron dos cosas que hoy aplicaré: una, no rechazar una invitación que venga de alguien importante (acá estoy), otra, no venir invitado con las manos vacías (en esta bolsa traje kilo y medio de tortas fritas, conciente de que no alcanzan pero supongo que ustedes algo habrán arrimado). Ya que no tengo nada para decir aprovecho para poner un granito de arena ya que estoy leyendo en muchos sitios que los hombres masculinos somos incomprensibles, cuando eso siempre ha sido patrimonio de ellas. Espero poder aportar aprovechando ser un heterosexual con el lado femenino muy desarrollado, de nada sirve que opine un hombre que siente como una mujer o alguien con fines de conquista. Pocos pueden tener una perspectiva desinteresada del tema. Eso del lado femenino desarrollado no se crean que no me trajo problemas, que te gusten los bebes, tocar tanto como penetrar y hacer pis sentado no es bien visto entre los de mi género. Incluso el exceso de sensibilidad sufre la acusación de mariconada, aunque uno demuestre en todos los discursos (en realidad este es el primero que doy en mi vida) que le gustan las mujeres. Pero eso es otro tema, ya que ahora, en esta sala y aprovechando, prefiero desviar la atención de ustedes en este punto que espero aporte una guía hacia la felicidad de las parejas que escuchen y vean.
La clave es la simpleza. Sirva como ejemplo, “esto va en el agujero”. Con eso basta. La pelota, en el arco. Por eso nos gusta el fútbol, y si tenemos que planear jugadas, hay que poner a otro desde afuera que diga como moverse.
Los hombres podemos solo una actividad a la vez. Si planchamos y miramos tele, se quema la ropa. Si miramos tele no podemos hablar. Si esto va en el agujero no podemos decir poemas. Si estamos mirando no podemos escuchar. Cuando las estamos mirando, queridas señoras, nos cuesta entender porque deberíamos escuchar. Si estamos confundidos, no podemos estar nada más. La clave es la simpleza, solo sentimos una cosa a la vez. Si queremos no podemos planear. Si decimos algo, no queremos decir otra cosa, nunca es una indirecta, es lo que es, y si es un comentario increíblemente imbécil, no se enojen, es posible, o hablamos o pensamos. Pero no le busquen mucho atrás, es literal. El segundo punto es también fácil, no somos iguales. Esa es la clave segunda. Excitarse y razonar no pueden convivir en el mismo cuerpo. Pónganse en nuestro lugar. Si estamos callados mucho rato, olvídenlo, no estamos escuchando, estamos recordando algo, y no podemos hacer eso y entender vuestros planteos. No somos iguales, el concepto de la estética es más simple. Consta de un concepto a la vez. En pantalla, en revista, o por la calle: la teta enorme llama la atención. En vivo da igual, créanme, las siliconas son para ustedes, por nosotros no vale la pena. Lo mismo la cosmética en general. Lograremos dar un puntaje global, pero si el pelo es más corto, o el reflejo cambió, ya estamos en un terreno complejo, lo mismo vale para la combinación con la ropa. Entiendan que si nos vestimos no podemos elegir. Lo lindo de hoy es lo feo de mañana. El paso del tiempo nos aleja de la niñez, y de cuando teníamos una mujer incondicional que razonaba por nosotros, por lo que es común que estemos aferrados al pasado, por eso queremos ser jóvenes, hacernos los jóvenes, andar con mujeres jóvenes. Eso consume mucha energía y además es una tarea inútil, el tiempo no existe, dice un conocido mío. Todo el resto, las demostraciones de fuerza en diversas categorías, son esfuerzos inútiles. Se nos pasa frente a cualquier cosa que entretenga, por ejemplo, un partido de fútbol.
Si están esperando algo de nosotros pueden pasar años. Hacer todo de a una cosa desplaza los tiempos. Si nos lanzaron una señal, indirecta, algún deseo en clave, olvídenlo, salvo Indiana Jones, las claves no son lo nuestro, si de verdad lo quieren, nos lo tienen que explicar de forma simple.
Bueno, no hay mucho más, a veces lo simple tiene eso, que esperamos algo que no hay. Es como en las fiestas que queremos pasarla tan bien que al final nos aburrimos. Por eso antes de que estos amables señores agentes del orden dispongan de mi retirada al exterior del recinto quiero mandar un saludo a mi mamá que me está escuchando, no mirando porque la vieja no ve un pedo, a los profesores que me cedieron las horas, en realidad no me las cedieron, yo no fui nunca a clases, pero el resultado fue el mismo, a mi hermano Arturo por soportar los versitos con su nombre y muy especialmente a mi novia Pamela, ex novia debería decir, (es que no me acostumbro), que se calentó conmigo porque fui a ver a Wander en lugar de recodar nuestro aniversario para el que se había hecho las mechitas que nunca noté ni cuando me recriminaba el olvido. Pamela ahora que soy famoso espero tu perdón y comprensión. Gracias por su atención, doy por inaugurado esto de acá abajo, buenas noches y buena suerte.

lunes 10 de marzo de 2008

La Cura


Hace frío en Madrid. Llego sin tiempo, está lleno de personas vestidas de negro.
Los veo de cerca, empiezan a tocar y él comienza a cantar. Escucho una vez más, Friday I'm In Love, Lovesong , Boys Dont Cry, Just Like Heaven, Lullaby ,Killing an Arab , High, un tema de ahora y uno de antes, suenan mejor que todos los discos que tengo de ellos.
Se acerca y hace una reverencia, me ve.
Mis amigos se rieron cuando hace años les dije que en Buenos Aires Madonna me miró. Ellos en algún momento te ven. Un breve instante en que el artista agradecido reconoce a sus miles de espectadores que son individuos y ahí están apretados y sudados, pero están. Supongo que los grandes verán y enfocaran a varios como forma de dar las gracias. Tocan dos horas y media, cada vez más, mejor. Simply Red fue igual, tocan hace una vida, son muy buenos, no son un producto. Podría vestirse así o como quisiera, pero que siga. Las luces me marean mucho, y entre la música y el humo siento que el tiempo aparece. Es un telón lleno de imágenes. Me veo con 18 años escuchando mi tocadiscos, tenía “Standing on a beach”, estoy en casa, miro por la ventana y veo el muro del vecino.
Estoy solo, y me digo: algún día tengo que verlos en vivo.
Luego con 28 años, camino por el centro y en una librería está la novela “La cura”, leo una frase, el protagonista está obsesionado con las palmas que se escuchan en “Close to me”. Me lo voy a comprar, sale 250 pesos, tengo 200, debo dejarlo en el mismo rincón de la vidriera.
Llego a los 38. Paseo por Montevideo, ya no vivo allí, es enero de este año… un gran enero.
Paso por la librería y en el mismo rincón está mi libro, el sol decoloró la tapa. Entro a comprarlo, el hombre lo mira y dice “te voy a hacer un descuento porque está medio arruinado”. Me lo compro a 200 pesos. 10 años después.
Escucho en vivo a “The Cure”, 20 años después.
Siento que el tiempo aparece.
Estoy solo.
Ya no está el muro.

sábado 1 de marzo de 2008

Cruzar la muralla


“Cruzar la muralla” no es una novela de ficción sobre la inmigración y los inmigrantes. O quizás si. Sus historias son tan reales como las absurdas leyes y las dolorosas fronteras. Existen muchas formas de migrar. Es un fenómeno necesario, dinámico, melancólico. Quienes hemos cambiado de país, sufrimos la incomprensión de nuestros hermanos, tanto de los que nos reciben, como de quienes nos despiden. Dejar atrás tu tierra y abrirte a un mundo nuevo es una historia llena de valor y cobardía. Por eso los personajes de este libro cruzan todos los días de un lado a otro, por eso son perseguidos: sus diversos colores y orígenes hacen que los guardianes del mundo los detengan y les pidan sus papeles, les tomen las huellas, y quieran analizar su sangre, su saliva y sus costumbres, para asegurarse que el mundo seguirá como siempre. Lo que ellos no saben que el mundo siempre ha sido así, un lugar en constante cambio, lleno de corrientes humanas que van de un sitio a otro, buscando el sol que cada vez alumbra más despacio.


"Cruzar la muralla". Género Novela. Autor Joaquín Doldán. Editorial Slovento. Madrid Febrero, 2008.