miércoles 26 de noviembre de 2008

El espejo


“Pobre Andamio Pijuán
no puede mirarse al espejo,
se baña con alquitrán
para no mirarse más”
El Cuarteto de Nos

Desde el aire todo se ve distinto.
Miro mi barrio desde arriba y no me veo. No estoy en mi casa, toco a la puerta y sale uno que no conozco. La calle Suecia no es caminada por mí.
Hasta aquí todo era más o menos normal.
Pero los busqué y no estaban, ninguno de ustedes. Que no estuviese yo se entiende pero, los otros… ¿dónde están?
Voy al baño del avión a afeitarme y no estoy en el espejo. El tipo que me mira no soy yo. Traté de verle el lado positivo: mis enemigos ya no son míos, mis defectos los sufren otros, manos anónimas cargarán mis cruces. Pero encontré algo escrito, allí estaba. Las palabras eran mi espejo. Allí los espero.
NdelA: Foto de Pedro Paiva. El Cerro de Montevideo-mi casa señalada en rojo-

viernes 7 de noviembre de 2008

Entrelíneas


Pst…hey usted…si usted, el lector…estoy aquí, escondido…eh?..no claro que no me ve…estoy escondido…soy el autor…¿por qué me escondo?...buena pregunta, no lo sé, pero disimule por favor…haga que lee, mire la foto…sabe?: siempre me esforcé en camuflarme en mis textos…en esconder lo que siento o pienso en mis historias…¿que no se puede?...no crea….se puede aunque algo se ve…algo entrelíneas…pero mire, lo que pasa es que siempre me escondí tanto que tengo miedo que ya no se me vea…que nadie sepa que estoy aquí…se da cuenta?...mire si un día desaparezco y ningún lector lo nota...el otro día alguien dijo que un artista debe ser famoso, que la fama debe ser parte de su proyecto para existir como artista, la influencia en los demás, la llegada de su obra… y si es así? qué hago? … yo odio la fama…que deje de escribir?...si, ya lo he intentado...no puedo!...y yo que sé el porqué!...alguna vez lo pensé…capaz que es una forma de estar vivo...o de pedir amor…”quiérame un poquito mire que gracioso que soy escribiendo”…si…obvio que está difícil…es como una condena…oiga gracias…no claro que si, gracias por darme un poco de bola…es que nadie le da bola a nada...incluso hay gente que lee y no ve si hay algo más allá de las letras…no nos habrán visto?...me daría mucha vergüenza confesar que estoy aquí escondido…prefiero que nadie me vea…

lunes 3 de noviembre de 2008

Novelambigüedad


Me llegó por correo el manuscrito de la última novela de Emmanuel Rey. Una carta adjunta me pedía un prólogo para la futura publicación.
Desde ese momento estoy tratando de buscar una justificación para hacer esa tarea para mi amigo, renunciando a preferir los libros sin prólogo, tratando de no incomodarlo con las alabanzas que tanto odia, buscándole la explicación a sus desapariciones y continuos cambios de residencia, intentando comprender por que continúa haciendo libros si detesta a las editoriales.
Es imposible prologar este libro. Es una novela muy larga llena de ambigüedades. Ese es su tema central y en eso profundiza y escarba hasta la última línea. Nada es lo que parece, no existe el tiempo, ni la distancia. Está llena de soledades compartidas, multitudes de personajes reales que son imposibles y hechos fantásticos basados en los más estrictos postulados científicos. Es una novela de ciencia ficción aunque transcurre en el pasado. Hay viajes truncados, amores que no se dan y héroes fracasados. Está llena de un dolor que alivia y tiene un final desolador, lleno de esperanza.
Si mi prólogo fuera una invitación a leerlo debería estar en la última página y advertir, tardíamente al lector, que nunca debería haber llegado hasta allí. Es un libro ideal para no terminar. Para tenerlo en un estante y amenazar con leerlo cada tanto, repasar unas líneas y dejarlo en silencio, para así, escuchar las palabras vivas en nuestro interior.
“La ambigüedad” es una novela muy clara para quien no ve la ambigüedad. El lector atento o el coleccionista de Best Sellers, incluso los jurados de cualquier concurso literario la aplaudirán entusiastas para así poder olvidarla pronto.
Muchos de ustedes nunca la leerán, y quizás por eso la recuerden. Quizás el objetivo del autor sea seducirnos a que nosotros la escribamos a solas, condenados por esa idea que no termina de cuajar en nuestros sueños, obligados a hacer existir esta historia inexistente.