De niño siempre veía
el cartel de mi vecina
¿Qué fritura tan extraña?
¿A quién se le ocurriría?
¿por qué solo algunos días?
¿por qué pescado?
¿Por qué frito?
Las preguntas me invadían
Triste niñez fue la mía
con preguntas que saltaban
como peces voladores
en el mar de la inocencia,
río de melancolía.
Ya no hay un niño leyendo
y siendo anciano lo leo
con impotente apatía.
Debo ir hoy a las siete
con la noche como aliada
me comeré una merluza
aunque esté mal empanada
y preguntaré a la señora
del pañuelo en la cabeza
¿por qué querida vecina
hace más de medio siglo
ha elegido algunos días
para hacer pescado frito
y venderlo a casi nadie
en una calle vacía?
