Cada vez que me veía quería sacarse una foto porque según su sobrino pensaba que yo era otro toubab (blanquito). Les cuesta distinguirnos, les pasa como a nosotros con los asiáticos.
Las mujeres de la zona rural en Senegal han sido ejemplo de sacrificio. Primero por su actual proceso para dejar atrás la tradición de la ablación del clítoris en las niñas por motivos religiosos, luego por ser las que sacan adelante a sus familias, y ahora por ser el soporte de las comunidades que poco a poco se han quedado sin hombres, primero por el éxodo hacia la ciudad y luego por la emigración hacia Europa.
Pero la abuela tenía otros intereses, ya estaba en otra etapa vital y sus aficiones eran otras. En Dakar había visto varias tardes la televisión y los canales de allí, de forma inexplicable por cualquier mente racional, emite una y otra vez todo tipo de culebrones, empalagosas y eternas telenovelas mexicanas, argentinas y venezolanas. Ella se retrataba con esos toubabs.
Cuando me lo contaron recordaba a mi madre y mi tía hipnotizadas por esas historias, tardes enteras, episodios eternos, argumentos absurdos, líneas interminables, machismos explícitos.
Estoy leyendo "Ramata", una novela de Abasse Ndione, un senegalés, en ella una mujer a la que se le sometió a la ablación descubre el placer luego de una violación. Más allá de eso y del argumento con giros propios de una telenovela, se retrata muy bien la vida en Dakar, la corrupción política, lo complejo de sus historias. Todo esto me trajo a la memoria una telenovela que daban cuando yo era niño sobre una mujer que se enamoraba de su violador, el tema central decía "soy el ladrón de tu amor, tu mal recuerdo, soy el hombre que no puedes perdonar". Recuerdo que me impresionaba por lo retorcido y aún siendo muy chico estaba seguro que era una historia escrita por un hombre.
Daba gracia pensar que la abuela creyera (o quizás no lo creía pero le daba igual), que se sacaba una foto con un actor de "Los ricos también lloran", o "Cuando los hijos se van", de "Cristal", "Estación Terminal", de "Vanesa", o "Colorina", o "Andrea Celeste"… confieso que en una época soñaba con ser autor de una de esos bodrios, se nota que me gustaba escribir y con tal de hacerlo estaba dispuesto a cualquier cosa.
Pero creo que por fin, y a pesar de todo (incluso a pesar de los culebrones), la historia en África la van a empezar a escribir las mujeres.
