Cacho Castaña
Veo niños en las escuelas y adultos en los dispensarios de salud. En la sala de espera las mujeres van tapadísimas y pienso en esos archivos que te envían sobre los burkas y otros abusos de la religión. Desde que supe bien lo que está pasando este pueblo también sufro sus sombras, recuerdo a los palestinos, a los tibetanos. La gente es mala.
Sin embargo le pregunto a una de ellas si va así tapada por religión. Se ríe mientras se desenvuelve. Es por el sol. Le veo la cara untada en una crema, supongo que para bloquear más. Me dice en perfecto español: “Es Europa se broncean, nosotros nos blanqueamos”. En Senegal se engorda por estética, acá se evita la piel bronceada. El mundo está loco.Ellas no son pacientes, trabajan de enfermeras. Estudiaron en Cuba. El país que más lo ha ayudado a formar profesionales. Los Cubarahuis viven la extraña experiencia de pasar una larga época en el Caribe y luego volver al desierto. “No extrañas Cuba”, le pregunté a uno. “Yo extraño a mi familia”, contestó. La gente es buena.
