"Acá hay un hotel que se llama Oasis"
Kevin Johansen
Si tomo un solo té verde más me transformaré en Hulk.
Tengo sed y la solución también incluye a un monstruo verde. Tengo termo, yerba, mate, matera y bombilla.
Salgo rumbo a las "Dairas" dispuesto a destapar mi bombilla.
Recorro los barrios. Los niños se me acercan, no piden monedas (no hay en que usar monedas), todos me piden caramelos.
Entiéndanme. Después de todo soy dentista. "Los caramelos dañan los dientes", les contesto. Me quedan mirando. Les doy mis chicles sin azúcar, para lograr que dejen de mirarme así.
Generadores a gasolina, placas solares, en las horas de energía eléctrica funcionan algunas teles, en la del hospital dan "Anatomía de Grey", me cuentan que el año pasado una telenovela argelina paralizaba los campamentos, en el último capítulo la heroína moría y hay Saharauis indignados, juran no volver a ver una telenovela argelina, yo decía lo mismo con Superman y sin embargo acá estamos.
Zizaguemos entre las casas de adobe con un compañero, vemos un anciano sentado en la arena.
"Imagina las historias que nos puede llegar a contar", se entusiasma mi amigo:
-"Salamalecum"
-"Malecumsalam"
-Hace mucho que vive aquí…
-Desde el principio…
-¿y qué nos puede contar de la guerra?
-Que ya pasó.
(Pausa)
-Bueno…todo muy lindo pero nosotros nos vamos…hasta luego…
Al rato lo mirábamos de lejos.
-Creo que no tenía ganas de contar nada- dijimos al unísono.
Regresamos. No pude destapar mi bombilla. Nos sentamos de noche a mirar la luna.
Los regresos son más cortos en distancia y más grandes en ansiedad.
Los diarios son imposibles.
Decido dejarlo hasta que vuelva.
Decido dejarlo.
Hasta la vuelta
