jueves 4 de junio de 2009

Experto en Ciencia Ficción


Mi tío J recibió su título una mañana plateada. Estudió algo más de una década. Su tesis me dejó desconcertado, la leía mirándome, la explicaba de cara a mi, no a su tribunal de catedráticos y doctores. Esto resulta extraño porque nuestra relación siempre fue compleja. Una mutua atracción y un continuo rechazo. Nos buscamos y evitamos al unísono.
Cuando niño apenas le hablé, ahora de muchacho, lo escucho pero estoy seguro que no podría decir como es el tono de su voz.
Cuando falleció mi madre, su hermana, conectamos por primera vez. Durante el velorio me regaló un libro de Bradbury. "En el futuro optaremos la muerte", dijo.
A partir de allí todos los sábados pasaba las tardes en su casa. A veces no hablábamos. Veía sus películas, leía sus novelas. Incluso me dio a leer una trilogía que estaba escribiendo y conserva inédita. Mi padre lo admiraba. Le consultaba todo, como si fuera una especie de adivino, un futurólogo.
Dijo en su Tesis que el hombre se preocupó por el dinero, el poder político, la tecnología, la muerte, y sin saberlo había dejado a un lado el principio y fin de toda nuestra existencia. "Conquistemos el tiempo. Solo los artistas lo han logrado. Solo quienes mezclaron ciencia y arte; solo los magos".
Mi tío J murió una mañana dorada. Esa misma noche, mientras soñaba, lo noté por primera vez. Si encontraba el espacio adecuado lo podría ver. Fui a su casa, busqué un espejo, miré sus fotos. Y me vi con claridad. Yo soy J.