Santo Domingo, 1 de junio del 2009
Estimado Señor Cura Párroco de la Iglesia de Fátima:
Querido Walter, te escribo estas líneas esperando estés bien de salud, sin necesitar de milagros ni de otras intervenciones de tu jefe. La necesidad de esquivar una ida anticipada al infierno, o una reencarnación más humillante que la actual, me lleva a enviarte esta postal (ya es hora que tengas mail), anticuado pero encantador medio que aprovecho para hacer mi penúltima confesión. Recuerdo que de joven te prometí en reiteradas ocasiones ejercer de monaguillo y tal como notaste luego de los 17 no asistí a ninguna misa aparte de la boda del Estiven, el bautizo de las nenas del Estiven y algún otro evento aislado (seguramente vinculado a la devoción católica de Estiven). Resultó que aquí, en el caribe, con las palmeritas, los cocos y sobre todo con la salsa y el merengue me encontré a mi mismo y tuve la necesidad imperiosa de explicarte mi ausencia tantas veces reclamada por vos, excusada por mi y durante reiteradas confesiones mentida, ocultada y tergiversada al Todopoderoso, que será Todopoderoso pero resultó inocentón, o por lo menos vos asegurabas que él me estaba perdonando.
Era mentira Walter. No cuidaba ancianitas, bueno por lo menos, no al principio. Me explico: los sábados a la noche al principio salía con el Cabeza Olegario y el Fer a dar unas vueltas, ellos bailaban Brekdance y empezaron a ir al “Manhatan Dance”, en la calle Grecia. Entré una vez con ellos y me aburrí. Luego fui a “Calibre
Nunca me iba solo y al otro día lograba salir de la cama a las dos de la tarde, cuando la misa era solo un recuerdo borroso. Luego para variar iba a “La casa de Anita”, por eso te digo que no era del todo mentira cuando te decía que cuidaba viejitas, la verdad que alguna viejita cuidaba, y me cuidaban hermano, tanto que me casé con una y heredé su fortuna, y acá estoy, en el caribe, escuchando a la Karibe.
Te confieso, dentro de mi confesión, que me tiene preocupado eso de: “es menos probable que pase un camello por el ojo de una aguja que un rico entre al reino de los cielos”, ni en el Euskaro eran así con el derecho de admisión.
Espero que me perdones, (de tu patrón lo doy por descontado).
Saludos al flaco de barba, a su señora madre y a la paloma (un día me tenés que explicar bien esa historia), y a vos querido amigo te felicito y envidio por la fe, tenías razón, siento que confesar mi pecado me sacó un peso de encima.
Atte
Tu amigo de toda la vida
Washington
