lunes 15 de junio de 2009

La escuela, la penitencia, el rincón


El otro día me dijeron que se jubiló. Estimada maestra de primer año de colegio, tengo su recuerdo grabado. Es extraño: No veo su cara pero escucho sus gritos con voz aguda. Recuerdo que pasábamos de a uno a leer a su lado- nuestras primeras líneas- creía usted. Siempre aprecié que no se enojara el día que supo que yo sabía leer desde hacía tiempo y que para no aburrirme aprendía de memoria la lección, y que mientras usted lentamente pasaba su lápiz por sobre las frases, concentrada en seguir las sílabas, yo “leía” mirando a mi compañera de banco haciendo muecas. Usted era rubia, como casi todas las maestras que tuve en el colegio. Una vez, por suerte, cometió una gran injusticia. Recuerdo que gritó- uno de sus característicos “hipogritos huracanados”- y me mandó a un rincón, de pie, mirando como se juntaban dos paredes de la clase. Me levanté sin decir nada, más intrigado que otra cosa, y me quedé allí, un rato eterno, encantado de estar en silencio, de espaldas a los murmullos. Recién hoy razono que se equivocó. Ese día el chico de atrás me llamó, me pidió prestada la goma de borrar yo me giré, se la di y cuando me volví usted me puso en el rincón en penitencia por molestar a mi compañero (¿?).
“¡Al rincón por molestar a Daniel!”
La vida me lleva muy seguido a las escuelas. Y salí de la mía planeando no volver, pero el trabajo me lleva, escuelas de todos lados. En todas hay rincones y le confieso que cuando nadie me ve me acerco a ellos, y me pongo de cara, de pie, quieto, como en penitencia. Buscando.
Nunca nadie más me puso en penitencia, (bueno una novia una vez me dijo que solo podría hacerle el amor por encima de la ropa, durante dos años, me lo tomé como un castigo por mi lujuria).
Pero en esa, mi única penitencia escolar, descubrí lo hermoso que puede ser un rincón cualquiera. Tus pensamientos rebotan, tus sueños se encuentran arrinconados y no pueden defenderse, deben mirarte a los ojos. Escuchas tu respiración certificando una verdad momentánea pero absoluta, estamos vivos, quietos pero creciendo.
A partir de ese día nunca me sentí encerrado, y cuando no puedo salir busco un rincón que me permita sentir la vida.