Mi tía compró un videograbador, el primero que había en el barrio. Lo conecté a la tele en color, bastante nueva, de las primeras del mercado, tendría unos dos años. Fui al primer videoclub que hubo en mi barrio. Miré las estanterías. Me llevé uno, la conecté, no funcionaba. Busqué la forma, y horas después logré ver mi primera película alquilada: “Moonwalker”.
La vi 74 veces, quizás 73.
Un salto en el tiempo después camino por 18 de julio y entro en la disquera de la Galería Yaguarón, mi hermana mayor me había dado su tocadiscos. Compré mi primer disco de pasta: “Bad”.
No era fan, no lo tenía presente más allá de escuchar “Thriller” cada tanto, y me importaba muy poco lo loco que estaba, de hecho prefería pensar que no era del planeta y de ahí todas sus excentricidades. Es más, esto que escribo no se trata de Michael Jackson.
Pretendo que detengamos el tiempo de una vez, mi teoría es que si lo hacemos al mismo tiempo podemos lograrlo.
No era fan, pero me encantaba, aclaro. Y creo que estaba por conseguir algo, incluso que me mandó señales.
Hace un mes vino mi hijo y me dijo te voy a tocar un tema. Se sentó en su batería conectó el equipo y tocó con pasión “Billy Jean”.
Y hace una semana miraba una mesa y casi sin elegir me compré el cd de “Bad”, igual que mi primer disco de pasta, aquel que junto con tantos tuve que abandonar en Uruguay, en una canasta en la puerta de la casa de un amigo.
Y hace un par de días, dijeron que se murió.
Como Elvis, como Jim Morrison, algunos nos aferraremos a que está en algún neverland, y en su caso es probable. Hubiera tenido una vejez curiosa el genio negro pintado de blanco. El demonio con voz de ángel.
Entonces, vuelvo a mi teoría, si nos ponemos de acuerdo podemos hacerlo. Porque cuando supe que se murió, mi vida, desde los 12 años con mi primer tele color, a los 15 con mi primer película de alquiler, hasta mi primer disco de pasta, mi hijo haciéndome un homenaje con un tema viejísimo según él, y su cd apareciendo de la nada, pasó volando. Díganme que están de acuerdo, que tu vida pasa como un flash y que el tiempo es una mentira que una artista, por más loco que esté, desafía con cada obra.
Pongámonos de acuerdo y digamos que no está muerto. Por lo menos mientras estemos vivos podemos joder al tiempo.
