Veía a uno de tus profetas y me iluminó tu poder.
Entendí el mensaje y se me abrieron las aguas del pasado. Nunca me echaste de tu paraíso. Me diste de comer de tu manzana prohibidísima. Hiciste que me reconciliara con mis hermanos, me salvaste en los diluvios, me invitase a pasear por las Sodomas y Gomorras más divertidas. Me ayudaste a viajar hasta que encontré la tierra prometida en mi interior. David le tiró onda a Goliat, pudieron besarse por fin, y mostrar su lado más femenino sin que las tropas juzgaran su amor.
Fuiste justo, torpe, nada vengativo, si se acababa el maná nos tirabas con café tacuba.
Somos tus hijos y estas deseando que te demos nietos.
